en Reflexiones

El perdón

No imaginamos lo curativo que puede llegar a ser “el perdón”, no imaginamos cómo puede liberarnos del pasado y ofrecernos el júbilo de vivir plenamente el momento presente. Solemos pensar que perdonar es algo más que aceptar unas simples disculpas. Cuantas veces por ser amables o por cualquier otra razón aceptamos unas disculpas, cuando en realidad no sentimos verdaderamente la intención de perdonar.

Otras veces nos ocurre que nos agarramos al daño que nos hizo alguien y no lo queremos soltar, porque de esa forma pensamos que nos estamos protegiendo de que se nos vuelva a hacer; si nos traicionó, nos decimos que jamás volveremos a confiar en esa persona, pero la cosa muchas veces no queda ahí y es posible que también nos digamos que no volveremos a confiar nunca más en nadie, no sin antes habernos tratado de tontos y estúpidos en el mejor de los casos por haber confiado en esa persona.

Así podemos escuchar frases cómo, “yo perdono, pero no olvido”, “yo perdonar, perdono, pero a mi no me la vuelven a hacer más”, o cosas similares.

En medio de ésta confusión respecto al perdón, no sólo nos estamos dedicando a conservar lo que nos hace daño, sino que también nos estamos cerrando a lo que puede curarnos.

No perdonar nos mantiene enganchados a incidentes de nuestra vida ocurridos en el pasado, y siempre que me aferro a agravios pasados, me estoy condenando a sufrir por ello.

Perdonar nos libera; detiene nuestras propias batallas interiores; nos permite dejar de reciclar la ira y la culpa, y os aseguro que reciclar el papel es fantástico, porque así se talan menos árboles y todos salimos ganando, pero reciclar constantemente la ira y la culpa sólo sirve para obstaculizar que en nuestro corazón pueda florecer el auténtico amor.

Perdonar nos permite saber quienes somos verdaderamente. Con perdón en nuestro corazón, podemos experimentar nuestra verdadera esencia como amor, porque nosotros somos en nuestra esencia amor.

Perdonar es la mejor medicina para curar nuestras heridas.

Perdonar tiene el poder de curar tanto nuestra vida interior como nuestra vida externa; puede cambiar el modo en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás; cambiar la manera en como experimentamos el mundo; y sanar los conflictos internos que arrastramos día a día.

Imagina la paz que podría haber en nuestro planeta si todas las personas en el mundo se liberaran de los viejos agravios ocasionados por otras personas. Imagina lo que pasaría si nos libráramos de enfrentamientos que han durado siglos a partir de diferencias raciales o religiosas, así como perjuicios cometidos en el pasado.

Es posible que estés pensando que tu sí quieres perdonar, pero que no sabes cómo hacerlo, no tengas prisa, a perdonar se aprende, y se aprende poco a poco, y se aprende con un único libro, es el libro del amor. Perdón y amor que tenemos que aplicar en muchos campos, padres, hermanos, otros miembros de nuestra familia, cónyuges, ex esposos, relaciones amorosas que ha habido en nuestra vida, figuras de autoridad, maestros, jefes, amigos, compañeros; quizá accidentes, ofensas o delitos causados por extraños; y no nos olvidemos de nosotros mismos, de nuestro cuerpo físico, de nuestros pensamientos, sentimientos, y comportamientos pasados y presentes; también tenemos que ver cuantas veces estuvimos enojados con fuerzas superiores a nosotros, Dios, la naturaleza, la vida misma.

Cuando revisamos todo esto nos damos cuenta de la cantidad de cosas que necesitamos perdonar, pero no nos asustemos, como dijimos anteriormente, poco a poco, sin prisas, pero estando dispuestos a ello nos acercaremos irremediablemente a la naturaleza del perdón.

 

Marisa Navarro

Marisa Navarro

    

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