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Somatizar: cuando el cuerpo dice lo que la mente calla

Cuerpo y emociones

Somatizar: cuando el cuerpo dice lo que la mente calla

«Me han hecho pruebas, me dicen que los resultados están bien, pero yo sigo encontrándome mal». Qué ocurre cuando el malestar emocional se expresa en el cuerpo.

Dra. Marisa Navarro
Médica y psicoterapeuta
6 min de lectura

Vamos a imaginar a Javier, un paciente de cincuenta y dos años que llega a consulta con esta preocupación. Le duele el cuello, nota molestias digestivas y algunos días siente que no consigue relajarse ni siquiera al acostarse.

Está cansado de sentirse así. Y está asustado.

Después de revisar lo que le ocurre y las valoraciones que le han hecho, le preguntamos por su vida.

Seguimos hablando. Su madre necesita ayuda. En la empresa han reducido personal y él está asumiendo más responsabilidades. Duerme poco. Come con prisas. Lleva meses pensando que, cuando pase esta temporada, descansará.

Se queda pensativo.

A veces necesitamos detenernos para darnos cuenta de cómo estamos viviendo.

Las emociones también se sienten en el cuerpo

Seguro que alguna vez has tenido un disgusto y se te ha cerrado el estómago. O has recibido una noticia que te ha acelerado el corazón. O has sentido ese nudo en la garganta cuando estabas a punto de llorar.

En esos momentos comprendemos perfectamente que una emoción pueda producir una sensación física.

Sin embargo, cuando las molestias duran más tiempo, nos cuesta entender esa relación. Buscamos una explicación y necesitamos saber qué está pasando.

Somatizar es expresar físicamente un malestar emocional. Y quiero que esto quede muy claro: la molestia es real.

La persona no se la inventa. No puede dejar de sentirla simplemente porque alguien le diga que se tranquilice.

Por eso, cuando hay una posible relación entre un síntoma y las emociones, necesitamos explicarla bien. Escuchar. Acompañar. Ayudar a encontrar recursos.

Decir «eso son los nervios» y dar por terminada la conversación deja a muchas personas tan preocupadas como estaban antes.

¿Cómo puede ocurrir?

Pensemos otra vez en Javier.

La tensión que no descansa

Durante el día está pendiente de todo. Contesta llamadas, resuelve problemas y piensa en lo que falta por hacer. Mientras tanto, quizá mantiene los hombros tensos y aprieta la mandíbula sin darse cuenta.

Por la noche se mete en la cama, pero continúa repasando sus preocupaciones.

Esa tensión mantenida puede favorecer molestias musculares y empeorar el descanso. Y descansar mal puede hacer que algunas molestias se sientan todavía más.

El intestino y el cerebro se hablan

Con el intestino ocurre algo que también conviene entender: está en comunicación constante con el cerebro. El estrés puede influir en el movimiento intestinal y en la sensibilidad abdominal. Por eso hay personas que, en épocas difíciles, notan más dolor de tripa o cambios en sus deposiciones.

La respiración que se altera

Nuestra respiración también puede alterarse. Si respiramos más de lo que el cuerpo necesita, podemos sentir mareo u hormigueos. Nos asustamos y ese miedo puede aumentar aún más la alerta.

Son respuestas físicas. Comprenderlas ayuda, aunque cada síntoma debe valorarse y no todo se explica por el estrés.

«Yo puedo con todo»

Javier se siente responsable de que las cosas salgan adelante.

Es una pregunta que muchas personas se hacen. Pero hay otra que también necesitamos plantearnos:

¿Cómo te estás encontrando mientras lo haces todo?

Porque puedes seguir trabajando y estar agotado. Puedes atender a tu familia y necesitar ayuda. Puedes sonreír y llevar una preocupación que no has compartido con nadie.

A veces nos acostumbramos tanto a aguantar que dejamos de reconocer nuestras necesidades.

Tenemos sueño, pero seguimos.

Estamos cansados, pero seguimos.

Necesitamos hablar, pero pensamos que no merece la pena preocupar a nadie.

Y así van pasando los días.

No todas las personas que somatizan viven de esta manera. No hay una única causa ni una única personalidad. Pero cuando existe una sobrecarga, merece atención.

Tu malestar no necesita ser más importante que el de los demás para que lo cuides.

Primero hay que valorar lo que ocurre

Como médica, quiero insistir en esto: no debemos atribuir un síntoma a las emociones sin una valoración adecuada.

Unas pruebas normales no demuestran, por sí solas, que una molestia sea emocional. Y una persona puede tener estrés y, al mismo tiempo, una enfermedad que necesite tratamiento.

Si un síntoma aparece por primera vez, cambia o empeora, consulta, aunque anteriormente hayas tenido resultados tranquilizadores.

  • Un dolor intenso o persistente en el pecho, especialmente con falta de aire, sudor frío o dolor hacia el brazo o la mandíbula, requiere atención urgente.
  • También una pérdida repentina de fuerza, dificultad para hablar o un dolor de cabeza súbito y muy intenso.
  • La pérdida de peso inexplicada, la sangre en las heces o la fiebre persistente también necesitan valoración.

Atender nuestras emociones forma parte del cuidado de la salud y debe acompañar la atención médica que necesitemos.


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¿Qué puede ayudar a Javier? ¿Y qué puede ayudarte a ti?

En nuestro ejemplo, no tendría mucho sentido decirle a Javier que se relajara sin hablar de cómo podría hacerlo.

Quizá necesita repartir el cuidado de su madre. Revisar su carga de trabajo. Recuperar un horario de descanso. Aprender a expresar sus preocupaciones sin sentir que está molestando.

Son cambios concretos, que puede empezar a trabajar poco a poco.

Tú también puedes preguntarte:

¿Qué estoy necesitando y llevo tiempo dejando para después?

  • Puede ser una conversación.
  • Ayuda con una tarea.
  • Un rato de tranquilidad.
  • Un límite que te cuesta poner.

Hablar de lo que sentimos puede ayudarnos a comprenderlo y a reconocer nuestras necesidades. Escribir también puede ser útil si todavía nos cuesta encontrar las palabras.

El movimiento adaptado a nuestras posibilidades, el descanso y unos minutos de respiración suave pueden favorecer nuestro bienestar. Sin forzar, sin convertir el cuidado en otra exigencia.

Y si el malestar se mantiene, buscar ayuda profesional es una buena manera de empezar a atenderlo. La psicoterapia puede ayudarnos a comprender lo que vivimos y a desarrollar recursos. Si hay ansiedad o depresión, también necesita tratamiento.

No tienes que esperar a no poder más

Me gustaría que te quedaras con esto.

A menudo somos muy comprensivos con las personas que queremos. Les decimos que descansen, que pidan ayuda, que no se exijan tanto.

Después nos toca a nosotros y pensamos que podemos esperar.

Pero tú también necesitas ese cuidado.

Escuchar tu cuerpo significa atender lo que ocurre, consultar cuando corresponde y prestar atención también a cómo estás viviendo.

La mejoría puede necesitar tiempo y distintos tratamientos. No tienes que conseguirla por tu cuenta ni exigirte estar bien inmediatamente.

Empieza por darte un lugar entre todas las personas de las que te ocupas.

Pregúntate cómo estás. Escucha tu respuesta.

Y permítete recibir un poco de ese cariño que das tan fácilmente a los demás.

Dra. Marisa Navarro

Médica y psicoterapeuta. Autora de La medicina emocional.

Si te has reconocido en este artículo y quieres hablar de lo que te está ocurriendo con alguien que entienda conjuntamente el cuerpo y las emociones, puedes solicitar cita conmigo online.

    

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