Alimentación emocional en Alimentación

La alimentación emocional ¿Qué es? | Te explico

Comemos por necesidad, pero muchas veces nuestra alimentación tiene una gran parte de emocional, te ayudo a identificarlo y controlarlo.

La alimentación emocional se entiende como el comer en respuesta a algún estado emocional, puede ser por estar tristes, deprimidos, enfadados, frustrados, ansiosos o aburridos, entre otros, y así estos estado emocionales desencadenan el comer más de lo necesario o mucho más, o peor, o a deshoras, o sin orden ni concierto, o de forma compulsiva.

Las emociones determinan muchas veces nuestra forma de comer

Pero también las emociones nos pueden llevar a no comer o a eliminar de nuestra alimentación algunos alimentos importantes, esto también sería una alimentación emocional, pues también aquí están actuando las emociones sobre nuestra forma de alimentarnos. Estar tristes, enfadados, deprimidos o enamorados nos puede llevar a comer menos de lo necesario o peor

Siempre que las emociones o los sentimientos influyen en nuestra alimentación seria una “alimentación emocional”, pero realmente lo que ocurre es que toda nuestra alimentación es emocional

Primero son los pensamientos, y estos crean los sentimientos y de ambos derivan nuestras acciones, y comer no deja de ser una acción. Así que según pensemos y según sintamos vamos a terminar comiendo. Esto es realmente muy interesante y un gran descubrimiento, porque manejando nuestros pensamientos y así nuestros sentimientos, acabaremos comiendo como nos conviene, ya que comer es un acto emocional. Imagino que no habrás dudado ni por un momento que así era. Todos nuestros pensamientos y todas nuestras emociones y nuestros sentimientos van a influir en nuestra alimentación, nos demos cuenta de ello o no. Si bien es cierto que determinadas emociones y sentimientos y según el grado en que los sintamos harán que tengamos acciones y manifestaciones externas que se hagan más de notar. 

Emociones que pueden afectar a nuestra alimentación

Así, un gran disgusto nos puede cortar la digestión, elegir darnos un atracón de chuches o que nos apetezca comernos una bandeja de ensaimadas. Pero también un alto grado de ansiedad sostenido en el tiempo puede hacernos caer constantemente en tentaciones alimenticias de todo tipo y que nos cueste mucho controlarnos, o un estado depresivo puede hacer que perdamos la apetecía por cualquier alimento y caigamos en graves desajustes y déficits nutricionales. Luego toda nuestra alimentación es emocional. 

Incluso cuando nuestra vida es tranquila y en teoría ordenada, cuando llevamos una alimentación saludable, hacemos ejercicio y nos cuidamos a todos los niveles, nuestras emociones se encuentran serenas y calmadas y de igual modo están influyendo en nuestra alimentación

Porque nuestra alimentación depende de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos, y si quieres cambiar tu alimentación lo primero que tienes que cambiar son tus pensamientos

Los pensamientos negativos engordan

¿Sabías que los pensamientos negativos engordan?, ¿te imaginas por qué?, cuando tenemos pensamientos negativos, nos vamos a sentir mal, tristes y ansiosos y es muy posible que esto nos lleve a comer más y peor

Y te preguntarás ¿por qué nos calma comer cuando nos invaden estos sentimientos?, se encuentra muy vinculado con nuestra niñez, cuando llorábamos o queríamos cariño o mimos, nuestros padres o cuidadores nos daban algo de comer, desde la teta a una chuche y se nos pasaba todo. Porque comer tiene un componente muy importante de placer. Así intentamos llenar esos vacíos emocionales comiendo. Pero el hambre que no es física, que solo es emocional no se sacia comiendo, se sacia queriéndonos. 

Diferenciar entre hambre física y hambre influida por las emociones

Aunque toda nuestra alimentación esté influída por nuestras emociones y sentimientos, tenemos que saber diferenciar nuestra hambre física de nuestra hambre puramente emocional, y esto se consigue observándola, dejando un poco de tiempo, unos simples tres minutos en los que nos quedemos observando lo que nos vamos a comer es suficiente para identificar en la mayor parte de los casos de qué hambre se trata. Si después de observar durante tres minutos ese paquete de magdalenas te lo sigues queriendo comer, adelante comételo.

En muchos casos esos tres minutos de observar el paquete de magdalenas puede llevarte a desarrollar otro tipo de pensamientos, como ¿realmente tengo hambre cuando sólo hace una hora que he comido y muy bien?, ¿podría comerme una sola magdalena en vez de comerme el paquete entero?, ¿qué me pasa?, ¿qué estoy sintiendo?, ¿qué pensamientos me están haciendo sentirme así?, ¿quizá podría hacer otras cosas?, ¿y si salgo a pasear un rato?, ¿y si llamo a mi amiga y le propongo que paseemos juntas?

Con los pensamientos podemos manejar nuestra hambre emocional

Como puedes observar, es a través de nuestros pensamientos cómo podemos manejar nuestra hambre emocional. Y ya que toda nuestra alimentación es finalmente emocional, y nuestros sentimientos dependen de nuestros pensamientos, estemos muy atentos a estos, seamos capaces de cambiarlos por aquellos que nos sienten bien y que finalmente nos ayudarán a comer bien

Mi último y cuarto libro se titula “La alimentación emocional. Pierde peso definitivamente cambiando tus pensamientos”, en él encontrarás técnicas sencillas y prácticas para llegar a una alimentación saludable, elegida por ti y a través de tus pensamientos, emociones y sentimientos saludables, y que todo ello te produzca placer y satisfacción. Este libro saldrá próximamente a la venta

He escrito además tres libros de autoayuda, “La medicina emocional. Cómo mejorar tu salud cuidando de tus emociones”, “El efecto tarta. Práctica el egoísmo positivo para ser feliz” y  “Las ruedas dentadas. Pequeños cambios para grandes cambios”, todos ellos te ayudarán a encontrarte mejor en todos los aspectos de tu vida. 

Dra. Marisa Navarro. 

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