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Perfectas imperfecciones.

Aceptemos nuestras imperfecciones. ¿De qué forma sino podríamos aceptar las de los demás?. Nuestro grado de exigencia o de amabilidad con los demás, no es más que una muestra de nuestro grado de exigencia y amabilidad con nosotros mismos. Cuando aceptamos nuestra perfecta humanidad, en consonancia aceptamos la perfecta humanidad de los que nos rodean. ¡Tenemos tanto que aprender de nuestras perfectas imperfecciones, y de las del vecino!.

PSYSI