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Se objetivo.

Por lo menos se objetivo contigo mismo, y de paso con los demás. No digas «nunca», ni «siempre». Ajústate a la realidad de forma objetiva. Lo mejor sería que fuéramos capaces de interpretar esa realidad de la forma que mejor nos sentara, porque todo tiene muchas interpretaciones, y puestos a elegir. Pero si no somos capaces de hacerlo, por lo menos seamos objetivos. No nos digamos cosas negativas, que luego analizamos y se alejan mucho de la realidad. No adquiramos ese papel de víctimas, en una constante búsqueda. Si no nos encontramos con el ánimo suficiente para decirnos lo que necesitamos escuchar, por lo menos no nos digamos aquello, que seguro nos va a sentar muy mal.

PSYSI