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La piedad peligrosa y Stefan Zweig

Atiendo a una paciente en consulta que, con melancolía y resignación, se queja de que su marido no la atiende ni valora ni presta atención, y cuando le pregunto porque sigue con él, me dice que por pena, rutina, miedo y compasión, de modo que insisto y le planteo que no se lamente y con valentía elija romper la relación y dejarlo, o que escoja profundizar en el respeto, el cariño, el amor y el deseo, y que cierre los ojos y recuerde el principio, y las lágrimas llegan, y luego la sonrisa, y más tarde, ya sola, vendrán las preguntas interiores, y después la elección.

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Marisa Navarro