No tengo ganas de nada en Apasionarse,Ayuda,Confiar en ti

No tengo ganas de nada: cuando el agotamiento emocional te apaga por dentro

Tabla de contenidos

No tengo ganas de nada: cuando el agotamiento emocional te apaga por dentro

Hay etapas de la vida en las que levantarse por la mañana no cuesta porque estés enfermo.

Cuesta porque estás cansado de vivir en tensión.

Cuesta porque llevas demasiado tiempo siendo fuerte.

Cuesta porque has sostenido demasiadas cosas durante demasiado tiempo.

Y entonces aparece una frase que escucho con frecuencia en consulta:

—Doctora, no tengo ganas de nada:

No tengo ganas de salir.

No tengo ganas de quedar con nadie.

No tengo ganas de hacer planes.

No tengo ganas de trabajar.

No tengo ganas de leer.

No tengo ganas ni siquiera de hacer las cosas que antes me gustaban.

Y lo peor es que muchas personas se sienten culpables por ello.

Se miran al espejo y piensan:

—¿Qué me pasa?

—¿Por qué estoy así?

—¿Por qué antes podía con todo y ahora no puedo con nada?

Si alguna vez te has sentido así, quiero que sigas leyendo.

Porque quizá no estés perdiendo las ganas de vivir.

Quizá estés sufriendo agotamiento emocional.

Cuando ya no puedes más, aunque sigas funcionando

Hay algo que me llama mucho la atención.

Muchas personas que dicen que no tienen ganas de nada siguen funcionando.

Siguen yendo a trabajar.

Siguen cuidando de sus hijos.

Siguen atendiendo obligaciones.

Siguen sonriendo.

Siguen haciendo lo que tienen que hacer.

Desde fuera parecen normales.

Pero por dentro están exhaustas.

Es como conducir un coche durante cientos de kilómetros con la luz de la reserva encendida.

El coche sigue avanzando.

Pero cada vez le cuesta más.

Hasta que un día se para.

Las personas también.

El caso de Ana

Recuerdo a Ana, una paciente de cuarenta y ocho años.

Llegó a consulta preocupada porque pensaba que estaba entrando en una depresión.

No tengo ganas de nada —me dijo nada más sentarse.

Le pregunté cómo era su vida.

Trabajaba muchas horas.

Cuidaba de sus padres mayores.

Ayudaba económicamente a un hijo.

Dormía poco.

No hacía ejercicio.

No tenía tiempo para ella.

Llevaba años ocupándose de todo el mundo menos de sí misma.

Y entonces le pregunté:

—Ana, ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo solo porque te apetecía?

Se quedó en silencio.

No lo recordaba.

Aquello no era falta de ganas.

Era agotamiento emocional acumulado durante años.

¿Por qué siento que no tengo ganas de nada?

No existe una única causa.

Pero sí hay varios factores que aparecen una y otra vez.

¿Es normal no tener ganas de nada?

. Todos podemos pasar por etapas de agotamiento emocional, estrés o tristeza en las que la motivación disminuye.

El problema no es sentirlo de forma puntual. El problema es permanecer así durante semanas o meses sin entender qué está ocurriendo.

Agotamiento emocional

Vivimos en una sociedad que nos empuja constantemente a producir.

A rendir.

A cumplir.

A estar disponibles.

A responder mensajes.

A llegar a todo.

Muchas personas llevan tanto tiempo funcionando en piloto automático que han olvidado cómo se siente vivir con calma.

Y llega un momento en que la mente dice:

Ya no puedo más”.

Ansiedad mantenida en el tiempo

Cuando pensamos en ansiedad solemos imaginar nerviosismo.

Pero muchas veces ocurre justo lo contrario.

La ansiedad crónica termina generando cansancio.

Desgaste.

Desmotivación.

Apatía.

Porque estar alerta las veinticuatro horas del día consume una enorme cantidad de energía emocional.

Tristeza que nunca se expresó

Hay personas que han aprendido a ser fuertes.

Tan fuertes que nunca lloran.

Tan fuertes que nunca se permiten sentirse vulnerables.

Tan fuertes que siguen adelante aunque estén rotas por dentro.

Pero las emociones no desaparecen porque las ignores.

Simplemente se quedan dentro.

Y un día terminan manifestándose como vacío emocional.

Autoexigencia excesiva

Las personas más perfeccionistas suelen ser las más duras consigo mismas.

Nunca descansan suficiente.

Nunca sienten que hacen bastante.

Nunca creen que merecen parar.

Y viven con una exigencia tan alta que terminan agotando todos sus recursos emocionales.

Las señales que suelen acompañar al agotamiento emocional

Cuando una persona me dice que no tiene ganas de nada, muchas veces también aparecen síntomas como:

  • Cansancio mental constante.
  • Sensación de ir en automático.
  • Falta de ilusión.
  • Dificultad para disfrutar.
  • Irritabilidad.
  • Necesidad de aislarse.
  • Problemas de sueño.
  • Falta de energía social.
  • Sensación de vacío.
  • Falta de motivación.

Y aparece algo especialmente doloroso:

La culpa.

La culpa por no ser quien eras.

La culpa por no rendir igual.

La culpa por necesitar parar.

No eres perezoso. Estás cansado

Vivimos en una cultura que admira a quien no para.

A quien produce.

A quien resiste.

A quien aguanta.

Pero nadie habla del precio emocional que a veces tiene aguantar demasiado.

Por eso quiero decirte algo importante.

No eres débil por sentirte agotado.

No eres perezoso por necesitar descansar.

No estás fallando por no poder con todo.

A veces simplemente has estado sobreviviendo durante demasiado tiempo.

El caso de Miguel

Miguel tenía cincuenta y cinco años.

Era empresario.

Había construido una empresa de éxito.

Todo el mundo lo admiraba.

Sin embargo, llegó a consulta diciendo:

No siento nada.

No estaba triste.

No estaba enfadado.

No estaba ansioso.

Simplemente no sentía.

Nada le emocionaba.

Nada le ilusionaba.

Nada le motivaba.

Aquello le asustaba muchísimo.

Pero lo que estaba viviendo no era falta de emociones.

Era una desconexión emocional producida por años de estrés acumulado.

Su mente se había protegido anestesiándose.

Y eso ocurre más veces de las que imaginamos.

¿Cómo recuperar las ganas de vivir?

Muchas personas intentan salir de este estado obligándose a hacer más cosas.

Y suele ser un error.

Porque el agotamiento emocional no se cura con más exigencia.

Se cura con más escucha.

Descansa sin sentir culpa

El descanso no es un lujo.

No es un premio.

Es una necesidad biológica y emocional.

Baja el nivel de exigencia

No tienes que demostrar nada constantemente.

No tienes que llegar a todo.

No tienes que ser perfecto.

Recupera pequeños placeres

Cuando estás agotado emocionalmente no necesitas grandes cambios.

Necesitas pequeñas experiencias que vuelvan a conectar contigo.

Un paseo.

Una conversación agradable.

Un café al sol.

Una canción que te emocione.

Una tarde sin obligaciones.

Escucha lo que llevas demasiado tiempo callando

A veces el cuerpo expresa aquello que la mente no ha querido reconocer.

Por eso conviene preguntarse:

¿Qué me duele?

¿Qué estoy soportando?

¿Qué necesito decir?

¿Qué necesito cambiar?

¿Y si llevo meses sintiéndome así?

Si la sensación de apatía dura semanas o meses y afecta a tu vida diaria, es importante buscar ayuda profesional.

Porque detrás de la falta de ganas puede haber:

  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Trauma emocional.
  • Estrés crónico.
  • Duelo no elaborado.
  • Bloqueos emocionales profundos.

Pedir ayuda no significa que estés roto.

Significa que mereces sentirte mejor.

Recuperar la ilusión es un proceso

Vivimos en una sociedad que quiere soluciones rápidas.

Pero la recuperación emocional no funciona así.

La ilusión no vuelve de golpe.

Primero aparece el descanso.

Después la calma.

Más tarde la conexión contigo mismo.

Y finalmente regresan las ganas.

Las ganas de vivir.

Las ganas de compartir.

Las ganas de disfrutar.

Las ganas de volver a ser tú.

Quizá no necesitas exigirte más, sino cuidarte mejor

Si últimamente te repites:

“No tengo ganas de nada”.

Quiero que recuerdes esto.

No siempre estás vacío.

No siempre estás roto.

No siempre estás deprimido.

A veces simplemente estás agotado.

Y quizá tu mente y tu cuerpo no te están pidiendo que sigas corriendo.

Quizá te están pidiendo algo mucho más importante.

Que por fin te escuches.

Porque nadie puede vivir eternamente desde la exigencia.

Y muchas veces el primer paso para sanar consiste, sencillamente, en darte permiso para parar.

Dra. Marisa Navarro

Todos los libros Marisa Navarro

    

Leave a Comment