Salud emocional de la mujer
Perimenopausia y ansiedad: por qué de pronto puedes sentir que ya no eres tú
Ansiedad que aparece sin motivo, madrugadas en vela, irritabilidad, palabras que se escapan. Y una frase que escucho muchísimas veces en consulta: «yo antes no era así».
Hace unos meses entró en mi consulta una mujer de cuarenta y siete años.
Llevaba un informe médico en la mano y lo dejó encima de mi mesa casi como si necesitara demostrarme que aquello que le estaba ocurriendo era real.
En el informe aparecían varios diagnósticos: ansiedad generalizada, un episodio depresivo leve y dos tratamientos que habían conseguido mejorar algunas cosas, pero no devolverle la sensación de ser ella misma.
Después de hablar un rato, me miró y me dijo:
—Marisa, yo antes no era así.
He escuchado esa frase muchísimas veces en consulta.
Y siempre le presto atención.
Porque cuando una mujer que durante décadas ha trabajado, ha cuidado, ha tomado decisiones, ha criado hijos, ha resuelto problemas y ha sostenido su vida empieza a decir «yo antes no era así», hay que escucharla.
No hay que explicarle deprisa que está estresada.
No hay que decirle que son los años.
Y, desde luego, no hay que hacerle sentir que se ha vuelto débil o complicada.
Hay que preguntarse qué ha cambiado.
Y muchas veces, entre los cuarenta y tantos y los cincuenta, una parte muy importante de la respuesta está en la perimenopausia.
La perimenopausia no son solamente los sofocos
Cuando hablamos de menopausia seguimos pensando, sobre todo, en el cuerpo.
Los sofocos.
Las reglas que empiezan a desordenarse.
El calor nocturno.
La sequedad.
Los cambios de peso.
Pero existe otra parte de esta etapa de la que todavía se habla demasiado poco: lo que ocurre emocionalmente.
Hay mujeres que llegan a consulta diciéndome:
Lo que escucho en consulta
- «Tengo ansiedad y no sé por qué».
- «No duermo».
- «Estoy irritable todo el día».
- «Lloro por cualquier cosa».
- «No me concentro».
- «Me cuesta encontrar las palabras».
- «No aguanto a nadie».
- «He perdido la seguridad que tenía en mí misma».
Y algunas añaden, casi en voz baja:
«Me da miedo estar convirtiéndome en otra persona».
No.
No te estás convirtiendo en otra persona.
Pero tu organismo está atravesando una transición hormonal importante y tu cerebro también participa en ella.
¿Qué es exactamente la perimenopausia?
La perimenopausia es el periodo que precede a la menopausia.
Y aquí hay una confusión muy frecuente.
Muchas mujeres creen que hasta que no desaparece la regla no pueden estar teniendo síntomas de menopausia.
Pues no.
Precisamente la perimenopausia puede comenzar años antes de la última menstruación.
Los ovarios no dejan de funcionar de un día para otro.
Lo hacen de una manera progresivamente más irregular.
Y las hormonas empiezan a fluctuar.
Hay meses diferentes a otros. Ciclos más largos, más cortos, reglas distintas, temporadas en las que aparentemente todo vuelve a la normalidad y otras en las que el cuerpo parece haberse vuelto completamente imprevisible.
Y esa irregularidad hormonal también puede sentirse en la cabeza.
El estrógeno no trabaja solamente en los ovarios
Esto me interesa mucho explicarlo en consulta porque cambia la manera en la que muchas mujeres interpretan lo que les ocurre.
El estrógeno no es simplemente una hormona relacionada con la reproducción.
También interviene en mecanismos cerebrales relacionados con el estado de ánimo, el sueño, la atención y la regulación emocional.
Por eso, cuando durante la perimenopausia las hormonas empiezan a fluctuar, algunas mujeres experimentan cambios importantes en su bienestar psicológico.
Y aquí aparece una característica muy típica: la irregularidad.
Hay mujeres que un lunes se encuentran estupendamente y el jueves sienten que no pueden con su vida.
Y eso las desconcierta muchísimo.
Me dicen:
«Pero Marisa, si ayer estaba fenomenal».
Precisamente.
El problema muchas veces no es únicamente que determinadas hormonas estén descendiendo. Es que durante estos años pueden subir y bajar de forma imprevisible.
Y un sistema emocional que durante décadas ha funcionado sobre un terreno relativamente estable empieza a hacerlo sobre un suelo que se mueve.
Los síntomas emocionales de la perimenopausia
La ansiedad de la perimenopausia
Una de las cosas que más veo es una ansiedad distinta.
No siempre existe un pensamiento previo.
No siempre hay un problema concreto que la explique.
La mujer puede tener una vida razonablemente estable y, sin embargo, levantarse por la mañana con una sensación de inquietud en el pecho.
O despertarse a las cuatro de la madrugada con la cabeza funcionando a toda velocidad.
O empezar a anticipar problemas que antes habría manejado con absoluta tranquilidad.
Y esto desconcierta especialmente a las mujeres que nunca se habían considerado ansiosas.
«¿Pero por qué estoy nerviosa si no me pasa nada?»
Porque la ansiedad no siempre empieza en un pensamiento.
A veces empieza en el cuerpo.
Después nuestra cabeza intenta encontrar una explicación para esa sensación.
Y entonces comienza a pensar.
Y cuanto más piensa, más ansiedad siente.
Y ya tenemos el círculo montado.
«No tengo paciencia para nada»
Otro síntoma muy frecuente es la irritabilidad.
Mujeres que me dicen:
La irritabilidad, en sus palabras
- «Salto por cualquier tontería».
- «Me molesta todo».
- «Contesto mal y luego me siento fatal».
- «Me oigo hablar y no me reconozco».
Muchas empiezan a pensar que se están volviendo intolerantes, difíciles o egoístas.
No necesariamente.
Un sistema nervioso cansado, un sueño fragmentado, una enorme carga mental y un entorno hormonal cambiante pueden reducir muchísimo nuestro margen de tolerancia.
Y, además, hay algo que tampoco podemos olvidar.
La perimenopausia suele coincidir con una etapa de la vida especialmente exigente.
Los hijos todavía pueden necesitarnos.
Los padres empiezan a necesitarnos.
La pareja atraviesa sus propios cambios.
El trabajo continúa.
Y nosotras seguimos pretendiendo rendir exactamente igual.
Yo digo muchas veces que algunas mujeres llegan a los cuarenta y tantos llevando media vida encima de los hombros.
Y todavía se preguntan por qué están cansadas.
Las cuatro de la mañana
Hay otra frase que escucho muchísimo:
«Me duermo bien, pero a las tres o las cuatro de la mañana abro los ojos y se acabó».
El sueño fragmentado es uno de los grandes problemas de esta etapa.
Porque dormir mal no produce solamente cansancio.
Nos vuelve más irritables.
Aumenta nuestra vulnerabilidad a la ansiedad.
Reduce la concentración.
Empeora nuestra capacidad para relativizar.
Y hace que los problemas parezcan mucho mayores.
Siempre digo una cosa: a las cuatro de la mañana no se arregla la vida.
La mente nocturna no es una buena consejera.
Todo parece más grave de madrugada.
Por eso proteger el sueño durante la perimenopausia es una parte fundamental del tratamiento.
«Se me olvidan las palabras»
La llamada niebla mental asusta muchísimo.
Entrar en una habitación y no recordar para qué.
Perder una palabra.
Interrumpirse en mitad de una frase.
Sentir que una está más lenta.
Olvidar un nombre que conoce perfectamente.
Muchas mujeres se alarman.
Algunas llegan a consulta preocupadísimas porque piensan que puede estar comenzando una enfermedad neurológica.
Y, aunque cualquier síntoma nuevo o importante debe valorarse médicamente, en la perimenopausia son frecuentes las dificultades subjetivas de atención, memoria y concentración.
Y si además llevas meses durmiendo mal, el cerebro lo nota.
Lo importante es no sacar conclusiones catastróficas inmediatamente.
Y hay algo todavía más doloroso: dejar de confiar en una misma
Para mí, esta es una de las consecuencias emocionales que más me preocupa.
Ver a mujeres extraordinariamente capaces empezar a dudar de sí mismas.
Mujeres que han tomado decisiones toda su vida.
Que han dirigido equipos.
Que han sacado familias adelante.
Que han resuelto situaciones dificilísimas.
Y que de pronto dicen:
Cuando se pierde la confianza
- «Ya no sé si estoy haciendo bien las cosas».
- «Antes era mucho más segura».
- «Me siento torpe».
- «Parece que todo me supera».
Y poco a poco empiezan a retirarse.
Participan menos.
Opinan menos.
Aceptan menos retos.
Se hacen pequeñas.
Y aquí quiero detenerme.
Porque sentirte insegura no significa que hayas perdido tu capacidad.
A veces significa simplemente que estás agotada y que tu sistema emocional está atravesando una etapa de vulnerabilidad.
Aquella mujer de cuarenta y siete años
Volvamos a mi paciente.
Tenía dos hijos adolescentes.
Un padre con deterioro cognitivo al que atendía prácticamente todos los días.
Un trabajo exigente.
Y llevaba casi un año intentando salir de una supuesta depresión que nunca terminaba de mejorar.
En algún momento de la consulta le pregunté:
—¿Y tu regla?
Me miró sorprendida.
Como si la pregunta no tuviera nada que ver con todo lo que me estaba contando.
Llevaba casi dos años con ciclos irregulares.
Algún sofoco nocturno.
Despertares frecuentes hacia las cuatro de la madrugada.
Y una irritabilidad que ella misma no comprendía.
Hasta entonces nadie había unido las piezas.
Y eso era precisamente lo que necesitábamos hacer.
No tenía sentido mirar solamente su estado de ánimo.
Había que mirar a la mujer entera.
Su cuerpo.
Su sueño.
Sus hormonas.
Su carga familiar.
Su manera de exigirse.
Su miedo.
Su vida.
Trabajamos en varios planos y paralelamente lo valoró con su ginecóloga.
Unos meses después me dijo:
—¿Sabes qué es lo que más me ha ayudado? Entender lo que me estaba pasando.
Y no me sorprendió.
Porque poner nombre a lo que nos ocurre disminuye muchísimo el miedo.
Entonces, ¿es depresión o es perimenopausia?
Aquí tenemos que ser rigurosos.
No son diagnósticos excluyentes.
Una mujer puede tener una depresión durante la perimenopausia.
La transición menopáusica también puede coincidir con una etapa de mayor vulnerabilidad emocional y, en determinadas mujeres, contribuir a la aparición de un cuadro depresivo que necesite tratamiento.
Por eso no debemos cometer el error contrario.
No todo es hormonal.
Como tampoco todo es psicológico.
La medicina no debería obligarnos a elegir entre cuerpo y mente.
Somos las dos cosas.
Por eso la pregunta adecuada no siempre es: «¿Esto es hormonal o emocional?»
Muchas veces la pregunta correcta es:
«¿Qué parte de todo esto está influyendo en cómo me encuentro?»
Puede ser la transición hormonal.
Puede ser la falta de sueño.
Puede ser la ansiedad.
Puede ser una depresión.
Puede ser una etapa de enorme sobrecarga vital.
Y, con frecuencia, son varias cosas a la vez.
¿Qué puedes hacer?
Lo primero es dejar de pensar que estás exagerando.
Si llevas meses sintiéndote diferente, merece la pena hablarlo.
Y cuando consultes, cuenta las dos partes de la historia.
Cuenta cómo te encuentras emocionalmente, pero cuenta también cómo está tu ciclo menstrual.
- Si tienes sofocos.
- Si te despiertas de madrugada.
- Si notas cambios corporales.
- Si has empezado a tener dolores articulares.
- Si ha cambiado tu deseo sexual.
- Si estás más irritable.
- Si te cuesta concentrarte.
No cuentes solamente «estoy ansiosa».
Cuenta el paisaje completo.
Porque cuanto más completa sea la información, mejor podremos ayudarte.
Protege el sueño
Si pudiera elegir uno de los pilares fundamentales durante esta etapa, sería este.
Dormir.
Y no me refiero únicamente a pasar ocho horas en la cama.
Me refiero a tener un sueño suficientemente reparador.
Mantener cierta regularidad de horarios, dormir en una habitación fresca, reducir estímulos antes de acostarte y tratar adecuadamente los síntomas que estén interfiriendo con el descanso puede cambiar muchísimo cómo te sientes durante el día.
Y si te despiertas de madrugada y no puedes volver a dormir, intenta no convertir la cama en un campo de batalla.
No mires el reloj cada cinco minutos.
No cojas el teléfono para resolver el mundo.
Y, sobre todo, no aproveches esas horas para revisar mentalmente todo lo que va mal en tu vida.
A las cuatro de la mañana somos pésimas psicoterapeutas de nosotras mismas.
Muévete
No hace falta convertirte en atleta.
Camina.
Haz ejercicio de fuerza.
Nada.
Baila.
Sube escaleras.
Muévete de una forma que puedas mantener.
El ejercicio ayuda al sueño, al estado de ánimo, al metabolismo, a la masa muscular y a la salud ósea.
Y en esta etapa, además, hay algo muy importante: sentir nuestro cuerpo fuerte mejora también nuestra sensación de capacidad.
Baja un poco la exigencia
Muchas mujeres intentan combatir esta etapa haciendo justo lo contrario de lo que necesitan.
Se encuentran peor y entonces se exigen más.
Más organización.
Más perfección.
Más control.
Más productividad.
Más obligaciones.
Y terminan completamente agotadas.
Quizá durante un tiempo no tengas que demostrar nada.
Quizá tengas que escucharte un poco más.
Decidir qué cosas continúan siendo importantes y cuáles haces simplemente por costumbre, por obligación o para no decepcionar a nadie.
Y esto también forma parte de la salud.
Habla con otras mujeres
Hay algo precioso que ocurre cuando una mujer empieza a hablar de la perimenopausia con otras mujeres.
De pronto descubre que no está sola.
Una amiga también se despierta a las cuatro.
Otra está insoportable algunos días.
Otra no encuentra las palabras.
Otra tiene sofocos.
Otra ha empezado a tener ansiedad.
Y empiezan a reírse.
No porque lo que les ocurre sea divertido.
Sino porque desaparece una parte del miedo.
«Ah. No soy solamente yo».
Eso alivia muchísimo.
¿Cuándo debes pedir ayuda?
- Cuando el malestar se mantiene durante semanas.
- Cuando está afectando a tu trabajo, a tu pareja, a tu familia o a tu vida cotidiana.
- Cuando has dejado de disfrutar de cosas que antes te gustaban.
- Cuando la ansiedad es intensa.
- Cuando el sueño está seriamente alterado.
- Cuando sientes que ya no puedes con todo.
Y, por supuesto, si aparecen pensamientos de que no merece la pena vivir o ideas de hacerte daño, hay que pedir rápidamente ayuda. No esperes a estar completamente desbordada para pedir ayuda.
No estás perdiendo la cabeza. Estás atravesando una etapa
Esto es lo que me gustaría que te llevaras después de leerme.
Puede que últimamente estés más sensible.
Más cansada.
Más irritable.
Más insegura.
Puede que te cueste dormir o concentrarte.
Puede incluso que algunos días mires hacia atrás y pienses:
«Yo antes no era así».
Es verdad.
Antes no eras exactamente así.
Porque antes tampoco estabas en este momento de tu vida.
Pero eso no significa que la mujer que eras haya desaparecido.
Sigue ahí.
Y quizá, cuando esta etapa pase, aparezca incluso una versión de ti misma que conozco muy bien porque la he visto muchas veces en consulta.
Una mujer que tiene más claro a quién quiere cerca.
Qué cosas no está dispuesta a tolerar.
Dónde quiere gastar su energía.
Qué obligaciones ya no le pertenecen.
Y qué quiere hacer con los años que tiene por delante.
Muchas mujeres me dicen que después de esta etapa se sienten, paradójicamente, más ellas mismas.
Con menos necesidad de agradar.
Con menos miedo a decir que no.
Y con una conciencia mucho más clara de que el tiempo importa.
La perimenopausia no es el principio del fin.
Es una transición.
A veces incómoda.
A veces desconcertante.
Y todavía demasiado mal explicada.
Pero se atraviesa mucho mejor cuando entendemos lo que nos pasa y cuando no tenemos que hacerlo solas.
Dra. Marisa Navarro
Médica y psicoterapeuta. Más de 25 años acompañando procesos emocionales en consulta.
Si te has reconocido en este artículo y quieres hablar de lo que te está ocurriendo con alguien que entienda conjuntamente el cuerpo y las emociones, puedes solicitar cita conmigo online.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad empieza la perimenopausia?
Puede comenzar varios años antes de la última menstruación y es frecuente que los primeros cambios aparezcan durante la década de los cuarenta, aunque existe una enorme variabilidad entre mujeres.
¿Puedo tener ansiedad por la perimenopausia aunque siga teniendo la regla?
Sí. La perimenopausia ocurre precisamente mientras todavía existen menstruaciones. Durante esos años los ciclos pueden empezar a cambiar y las fluctuaciones hormonales pueden acompañarse de síntomas físicos y emocionales.
¿Cómo sé si es depresión o perimenopausia?
No siempre se puede separar una cosa de la otra y pueden coexistir. Por eso conviene valorar conjuntamente el estado de ánimo, el sueño, los cambios en el ciclo menstrual y el resto de los síntomas. El diagnóstico debe hacerlo un profesional tras conocer la historia completa.
¿La niebla mental de la menopausia es permanente?
Las dificultades de atención, memoria subjetiva y concentración son frecuentes durante esta etapa y pueden verse muy influidas por el sueño, el estrés y otros factores. En muchas mujeres mejoran a medida que la transición hormonal y el descanso se estabilizan.
