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Cuando el problema es atiborrarse a comida por aburrimiento o placer

Lo que comemos tiene efecto en nuestras emociones y las emociones que sentimos afectan a nuestra manera de comer. Una alimentación poco saludable provoca, solo a corto plazo, mayor cansancio, al no recibir nuestro cuerpo los nutrientes y vitaminas que necesita, lo que después deriva en menos ganas de hacer las cosas, apatía, estrés y frustración por no conseguir nuestros objetivos. Y a largo plazo, los problemas pueden ser mucho más serios. Según explica la doctora Marisa Navarro, autora del libro La medicina emocional, las peores enfermedades relacionadas con los pensamientos y los alimentos, son los trastornos como la anorexia y la bulimia. Pero hay otros que, aunque no llegan a ese extremo de peligrosidad, sí que, poco a poco, influyen en nuestro estado de salud y que se inician por la relación emocional que tenemos con la comida.

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Marisa Navarro