en Personal

Haz cambios pequeños y placenteros en tu vida y conseguirás lo que te propongas

Un día puede ser falta de apetito, otro día insomnio y otro día tal vez se manifieste en un cansancio persistente desde primera hora de la mañana. El cuerpo habla y aporta señales que revelan que algo no va bien, pero a veces no sabemos escucharlo y preferimos someternos a todo tipo de pruebas médicas antes que intentar observar, analizar y entender nuestras emociones. «Lo que a veces indican esas señales es que necesitamos prestarnos más atención y cambiar la manera en la que interpretamos las cosas que nos suceden. El conocimiento es poder, pero el autoconocimiento puede ser un súper poder», explica la Dra. Marisa Navarro, psicoterapeuta y autora de «Las ruedas dentadas».

La autora está convencida de que la mente y el cuerpo están tan conectados, hasta en los más mínimos detalles, que las distintas facetas de la vida son como «ruedas dentadas» que giran en sincronía unas con otras, formando la unidad que hace girar las manecillas de esa maquinaria de precisión que es cada persona. La sincronía es, por tanto, una clave para que todo funcione bien, por eso cuando una persona inenta «cambiar la dirección o la velocidad de giro de alguna de esas ruedas sin intervenir sobre las otras se producen grandes resistencias o frenos que hacen perder la sincronía a todo el conjunto», explica Navarro.

Por eso la psicoterapeuta insiste en que esos «grandes cambios» vitales o esos grandes objetivos que a veces perseguimos o buscamos solo son posibles si vamos haciendo «pequeños cambios» que nos resulten «fáciles, atractivos y placenteros» porque si cumplen esas tres características podremos convertirlos primero en algo que hagamos casi sin esfuerzo y después en hábitos. Para entender mejor esta técnica la Dra. Navarro pone un ejemplo. «Si uno piensa en adelgazar ese objetivo en abstracto resulta demasiado grande, largo y costoso, pero si lo que hago es simplemente comenzar por introducir una fruta y pan integral en el desayuno en lugar de comerme tres magdalenas y además lo hago de tal manera que disfruto ese momento, con un pan delicioso, además de saludable, cortado en rebanadas, una selección de mis frutas favoritas, una taza preciosa para el café y una presentación que invite a comer con los ojos estaré convirtiendo ese pequeño cambio en un disfrute y no en un sacrificio».

Del «pequeño cambio» al hábito

Convertir lo que hagamos en algo sencillo, bonito y placentero nos ayuda a integrarlo en el día a día sin que me resulte una carga pesada, pero si además reforzamos esa práctica con información adicional o con lecturas que ayuden a entender los beneficios que nos puede reportar ese cambio (propiedades de las frutas, diferencias entre comer pan de harina refinada o harina integral, beneficios de evitar el consumo de bollería…, siguiendo el ejemplo anterior) será posible caminar hacia un «cambio de pensamiento» que ayude a convertir ese «pequeño cambio» en un hábito o en algo que permanezca en nuestra vida. «Hacerlo visible, atractivo, fácil y placentero es lo que permite instaurar y asentar en tu vida un cambio», precisa la Dra. Navarro.

Para la experta el pensamiento es lo que genera el sentimiento y es de ahí de donde parte precisamente la acción. «Está claro que uno puede sentirse triste si previamente no ha tenido un pensamiento triste. Los pensamientos que tenemos determinan nuestras acciones. Analiza lo que piensas y sabrás cómo terminarás actuando», advierte.

Otra técnica útil para lograr cambios pequeños pero importantes consiste en «localizar el click del hábito». Un ejemplo puede ser vestirse con la ropa deportiva o ponerse las zapatillas de «running» si queremos hacer ejercicio o si queremos hacer una caminata o recorrer unos cuantos kilómetros. «Una vez que ya te has preparado para ello resulta menos costoso hacerlo, pero este es un ejemplo, pues cada uno tiene que saber lo que le funciona y cuál es su propio click del hábito», comenta.

También puede resultar eficaz incorporar algo que nos cueste mucho hacer o que nos suela dar más pereza, como por ejemplo hacer pesas, a una dinámica que hagamos a diario y que disfrutemos como escuchar música o tu podcast favorito, o caminar media hora o incluso bailar.

Lo mejor de hacer esos pequeños cambios es que, tal como revela en «las ruedas dentadas» unos provocan que se generen otros. Así, practicar ejercicio me llevará a querer alimentarme mejor o a querer dejar de fumar y alimentarme mejor tal vez me invite a desear cuidar más mi imagen o a ser más selectivo con las personas que me rodean… «El movimiento de todas y cada una de esas pequeñas ruedas es lo que ayuda a generar los grandes cambios», afirma la Dra. Navarro.

Por último la psicoterapeuta invita a establecer pequeñas rutinas en casa que nos resulten agradables (o incluso divertidas) y que nos ayuden a conectar con nosotros o con las personas que convivimos. «En mi casa mi marido y yo hemos establecido que todos los días tenemos nuestro ‘momento disco’, así que a cierta hora nos ponemos música y nos ponemos a bailar. Nos reímos, lo pasamos bien…», confiesa.

Lectura, música, baile, yoga, cine, meditación, decoración, sentido del humor… Hay un montón de posibilidades. «La motivación, la ilusión y la pasión vienen de dentro, dependen de uno, no de lo que suceda fuera», recuerda.

Marisa Navarro