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Ansiedad silenciosa: la ansiedad que nadie ve, pero que tú sientes cada día

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Ansiedad silenciosa: cuando parece que todo está bien, pero por dentro no lo está

Hace algún tiempo acudió a mi consulta una mujer de unos cuarenta años.

Entró sonriendo.

Bien vestida.

Educada.

Me habló de su trabajo, de sus hijos y de su familia.

Todo parecía ir bien.

Cuando terminé de escucharla le pregunté:

¿Y tú cómo estás?

Se quedó en silencio.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y respondió:

—Doctora, estoy agotada. Pero nadie lo sabe.

Aquella frase resume perfectamente lo que es la ansiedad silenciosa.

Porque no todas las personas que sufren ansiedad tienen ataques de pánico.

No todas tiemblan.

No todas lloran.

No todas dejan de salir de casa.

Muchas siguen funcionando.

Trabajan.

Cuidan de sus familias.

Ayudan a los demás.

Sonríen.

Y mientras tanto llevan una batalla interior que nadie ve.

Si alguna vez has pensado:

Todo el mundo cree que estoy bien, pero yo no me siento bien”,

quizá este artículo sea para ti.

¿Qué es la ansiedad silenciosa?

La ansiedad silenciosa es una forma de ansiedad que puede pasar desapercibida incluso para quien la sufre.

La persona continúa haciendo su vida normal.

Cumple con sus responsabilidades.

Sigue adelante.

Pero vive con una sensación constante de tensión, preocupación o alerta interior.

No siempre existen ataques de ansiedad.

No siempre aparecen crisis de pánico.

Sin embargo, la mente nunca termina de descansar.

Y el cuerpo acaba pagando las consecuencias.

Los síntomas de la ansiedad silenciosa

Cada persona la vive de manera diferente.

Sin embargo, hay síntomas muy frecuentes.

Pensar demasiado

La mente no descansa.

Repasa conversaciones.

Anticipa problemas.

Busca soluciones para situaciones que quizá nunca ocurran.

Preocupación constante

Cuando un problema se resuelve, aparece otro.

La sensación es que siempre hay algo de lo que preocuparse.

Cansancio emocional

Uno de los síntomas más frecuentes.

No porque la persona haga más cosas.

Sino porque lleva demasiado tiempo sosteniendo una tensión invisible.

Un ejemplo de consulta

Recuerdo a un hombre de cincuenta años que me dijo:

—Doctora, llego agotado a casa y no entiendo por qué.

Trabajaba.

Dormía sus horas.

No tenía ninguna enfermedad importante.

Sin embargo, llevaba años viviendo con una preocupación constante.

Anticipaba problemas laborales.

Pensaba continuamente en sus hijos.

En sus padres.

En su futuro.

En su economía.

Cuando le pregunté cuándo descansaba mentalmente me respondió:

—Nunca.

Aquello no era debilidad.

Era ansiedad silenciosa.

Dificultad para desconectar

Muchas personas me dicen:

—Aunque me acueste, mi cabeza sigue funcionando.

El cuerpo descansa.

La mente no.

Irritabilidad

La tensión acumulada termina afectando al estado de ánimo.

Pequeñas situaciones generan respuestas desproporcionadas.

Problemas para dormir

Dormirse.

Despertarse varias veces.

Levantarse cansado.

Son síntomas muy habituales.

¿Por qué aparece la ansiedad silenciosa?

La ansiedad rara vez surge de la nada.

Suele ser consecuencia de varios factores.

Autoexigencia

Muchas personas con ansiedad silenciosa quieren hacerlo todo bien.

Ser buenos profesionales.

Buenos padres.

Buenos hijos.

Buenas parejas.

Y viven sometidos a una presión constante.

Necesidad de control

La mente cree que si piensa lo suficiente evitará los problemas.

Pero cuanto más intenta controlar, más ansiedad genera.

Emociones guardadas

Hay personas que aprendieron desde pequeñas a no llorar.

A no enfadarse.

A no molestar.

A aparentar fortaleza.

Pero las emociones no desaparecen.

Se acumulan.

Y muchas veces terminan convirtiéndose en ansiedad.

Experiencias difíciles

Pérdidas.

Enfermedades.

Traumas.

Separaciones.

Situaciones de mucho estrés.

Todo ello puede dejar una huella emocional.

La ansiedad silenciosa y el perfeccionismo

Existe una relación muy estrecha entre ambas.

Muchas personas viven convencidas de que tienen que poder con todo.

Creen que pedir ayuda es un fracaso.

Y se convierten en auténticos expertos en ocultar su sufrimiento.

Sin embargo, hay algo que siempre les digo a mis pacientes:

Lo que no se expresa, se acumula.

Y el cuerpo acaba hablando.

Cuando la ansiedad silenciosa afecta a tu vida

Puede afectar a:

La autoestima.

• Las relaciones.

• El trabajo.

• El descanso.

• La salud física.

Muchas personas funcionan.

Cumplen.

Pero han dejado de disfrutar.

Y esa diferencia es muy importante.

¿Cómo saber si tienes ansiedad silenciosa?

Quizá te identifiques con alguna de estas frases:

Siempre estoy preocupado”.

No consigo relajarme”.

Mi cabeza nunca para”.

Estoy cansado incluso cuando descanso”.

Parece que todo está bien, pero yo no me siento bien”.

Si estas sensaciones forman parte habitual de tu vida, merece la pena prestar atención a lo que está ocurriendo.

Cómo gestionar la ansiedad silenciosa

Escucha tus emociones

Las emociones tienen una función.

Intentan decirnos algo.

Baja la autoexigencia

No necesitas hacerlo todo perfecto.

No necesitas demostrar constantemente tu valor.

Descansa de verdad

El descanso no consiste únicamente en dormir.

También consiste en permitir que la mente tenga momentos de calma.

Vive más en el presente

Gran parte de la ansiedad vive en el futuro.

Volver al presente ayuda a disminuir la sensación de amenaza.

Busca ayuda profesional

A veces llevamos tantos años funcionando desde la ansiedad que olvidamos cómo era vivir con tranquilidad.

La terapia puede ayudarte a recuperar ese equilibrio.

Siempre les digo a mis pacientes:

La terapia no elimina los problemas.

Pero puede enseñarte a vivir sin que el miedo dirija tu vida.

La ansiedad silenciosa también merece ser escuchada

Uno de sus mayores problemas es precisamente ese.

Que nadie la ve.

Ni los demás.

Ni muchas veces quien la sufre.

Pero el hecho de que no sea visible no significa que no exista.

El sufrimiento emocional no necesita ser escandaloso para ser importante.

No tienes que seguir aparentando que todo está bien

Quiero terminar compartiendo una reflexión.

Vivimos en una sociedad que premia la fortaleza.

Nos enseñan a aguantar.

A seguir adelante.

A no molestar.

Pero ser fuerte no significa sufrir en silencio.

Si te has sentido identificado con este artículo, quiero que recuerdes algo.

No tienes que demostrar constantemente que puedes con todo.

No tienes que seguir ignorando lo que sientes.

No tienes que recorrer este camino en soledad.

Y quiero dejarte con una frase que muchas personas han escuchado al terminar una consulta conmigo:

Pedir ayuda no es una señal de debilidad. A veces es el acto de valentía más importante que una persona puede hacer por sí misma.

Porque la ansiedad silenciosa tiene tratamiento.

Tiene solución.

Y, sobre todo, merece ser escuchada.

Dra. Marisa Navarro

Todos los libros Marisa Navarro

    

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