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Empatía Significado | Tipos | Capacidad empática

¿Qué significa ser empático? Tipos, capacidad empática e implicaciones

Las personas empáticas son aquellas que se ponen en el lugar de los demás, y no sólo comprenden las emociones, sino que son capaces de llegar a sentirlas. En una palabra, que expresan de alguna manera que los demás les importan. Suelen también, ser personas especialmente sensibles para los demás, y el mundo que les rodea.

La empatía es imprescindible para la unión del grupo, y uno de sus principales objetivos es el de proteger al débil y necesitado, frente a los posibles depredadores de su especie, o de otras. 

Tipos de empatía: 

Empatía emocional y cognitiva:

Hay dos clases de empatía, la afectiva o emocional y la cognitiva.

Los “Empáticos Afectivos”, son aquellas personas que presentan una respuesta emocional, como contestación a los pensamientos, sentimientos y acciones de otras personas. Vamos, esas que podemos llorar con “Titanic”, y también es la que todos entendemos como empatía.  

En cambio, los “Empáticos Cognitivos”, son los que tienen reacciones más lógicas y frías, emocionalmente hablando, en contestación a esos pensamientos, sentimientos y acciones de los demás, es decir, esas personas son capaces de comprenderlos, pero no consiguen sentirlos. Ejemplos de expresiones muy típicas de este tipo de empatía, serían las tan tópicas y habitualmente utilizadas como: “Te entiendo…”, “Te comprendo…”. 

Lo más común es que convivan en una misma persona los dos tipos de empatía. Aunque en ocasiones pueden aparecer de forma aislada. Así los psicópatas y grandes narcisistas, pueden tener una alta empatía cognitiva, que les permite comprender lo que el otro siente, y así utilizar esta información en su propio beneficio, pero tienen una empatía afectiva nula.

Capacidad empática: 

Cada persona nace con un grado de empatía emocional y permanece inamovible durante toda la vida. Se han hecho todo tipo de intentos por desarrollarla tanto en niños como en personas adultas, sin éxito alguno. Estas áreas cerebrales de la empatía no se pueden desarrollar. O eres empático emocional o no lo eres, y no es un rasgo que pueda aprenderse o desarrollarse. O sientes por los demás o no lo sientes, y nunca lo vas a poder sentir

No ocurre lo mismo con la empatía cognitiva, que podemos desarrollarla y entrenarla. Puede conseguirse que alguien que no tenga empatía emocional acepte, imite, y aprenda normas y modelos de comportamiento, que puedan parecer empáticos, pero no los van a sentir, y es que el que no tiene empatía emocional, no la va a poder desarrollar a lo largo de su vida.    

La empatía como habilidad social:

Por la empatía cognitiva entendemos y comprendemos a nuestros semejantes. Si alguien se encuentra mal, se puede llegar a saber por qué esta así, e incluso comprender que tiene razones para estarlo, y saber qué se podría hacer para ayudarle en aquello que lo necesite, y prestársela por supuesto, pero sin implicación emocional, pues lo que le está ocurriendo al otro, no te hace sentir mal a ti. 

Una cosa es sentir y otra entender. Podemos entender y sentir, sentir sin entender, y entender sin sentir. 

Aunque lo que cuenta al fin y al cabo es como siempre la acción, lo que uno acabe haciendo por el otro.

La empatía emocional: 

La empatía emocional por su parte, cómo su propio nombre indica se ve claramente determinada por las emociones, y puede incluso pasar que, aunque no lleguemos a entender lo que le está sucediendo al otro, nos provoque una reacción afectiva de sufrimiento, tristeza, ira, indignación, etc. Su sufrimiento nos hace sufrir a nosotros. O la alegría o la felicidad, qué también se nos contagian.

Empatía selectiva: 

Por lo general poseemos los dos tipos de empatías, aunque suele predominar una más que otra, y también solemos tener más de una que de otra, según para qué cosas. Puede haber determinados temas que nos provoquen una fuerte emocionalidad, y otros que simplemente comprendemos, pero nos mueven muy poco o nada las emociones

La empatía es humana, y cómo tal es diferente y variable. 

Ambos tipos de empatía son importantes para poder crear relaciones con otras personas, en cualquiera que sea el ámbito, personal, social, o laboral. 

Y educar en la empatía, esa que podemos educar, que es la cognitiva siempre va a ser muy positivo. Nos va a facilitar comprender, respetar y ayudar en su caso a los demás, y esto reportará grandes beneficios tanto a nosotros como a los otros. 

Porque, ¿qué pasa con las personas que son demasiado empáticas emocionales? Las personas demasiado empáticas emocionales tienden a padecer con mayor frecuencia depresión, ansiedad, tristeza, melancolía, e incluso dolencias físicas y enfermedades. 

Tener empatía, ¿qué quiere decir?

Lo primero que debes analizar es si eres una persona empática, o demasiado empática, porque si bien la empatía puede ser algo que nos ayude en la vida, como en todo, es muy importante el equilibrio, y si nos pasamos de empáticos, el sufrimiento podemos tenerlo asegurado (“empáticos enfermizos”).

Este tipo de personas empáticas enfermizas, llegan no sólo a entender y sentir las emociones de los demás, sino a cargar con ellas, y algo aún peor, tienen más sensibilidad para sentir las emociones de los otros que las suyas propias, reprimiendo sus sentimientos y magnificando los de los demás. Esto les puede llevar a qué no presten atención a sus necesidades, tanto físicas como emocionales, llegando a pensar que esta antes el bienestar del otro que el suyo propio

Las personas demasiado empáticas, pueden tender a quererse muy poco.

Analízate a ti mismo. Hay una pista básica para saberlo: eres una persona muy empática si te notas más sensible que el común de los humanos

En muchos casos esa sensibilidad puede llegar a convertirse en susceptibilidad, y así, te sientes herido con mucha facilidad. Tú siempre estás dispuesto a ayudar a quien crees que te necesita, a veces incluso sin que te lo pidan, te das cuenta de lo qué necesitan los demás, o “eso crees”, y por supuesto procuras dárselo. 

El “efecto rebote” que se produce tras un tiempo, es que tú no entiendes como los otros no se dan cuenta de lo que tú necesitas, porque tú eres desprendido, atento, escuchas siempre a los demás y les dedicas tu tiempo antes que a ti, y luego llega “el efecto rebote”:  te entristeces y te preguntas: ¿por qué no recibo yo lo mismo?, está es la eterna pregunta de los que son demasiado empáticos. .

Que nuestro estado de ánimo dependa en gran medida del que tengan los que nos rodean, o del ambiente que se respire a nuestro alrededor, no es un buen negocio, ¿No? Esto te arrebata el control de tus pensamientos, y por tanto de tus emociones, e incluso de tus acciones, que quedan presos del grupo o persona con la que te  relaciones.

En mi libro «El efecto tarta» te muestro como llevar ser demasiado empáticos

Las personas con demasiada empatía, no suelen ser de las que se comen el primer trozo de tarta y luego reparten, como explico en mi segundo libro “El Efecto Tarta”, sino que más bien reparten toda la tarta y se quedan sin ningún trozo, lo cual hace que acaben frustradas, y si esto se mantiene en el tiempo acaban resentidas, y enfadadas con el mundo. 

Es muy posible que sean clasificadas como buenas personas, ya que se preocupan y ocupan sinceramente por los demás. Sin embargo, esto les lleva en muchos casos a un abandono de ellos mismos, algo que acaba pasándoles factura física y emocionalmente. También tienden a ser fácilmente utilizados por aquellas personas manipuladoras, que ven en ellos presas fáciles de las que poder aprovecharse, o también de los que por deporte descargan sus sentimientos negativos, de rabia y resentimiento sobre los demás, porque ellos siempre estarán dispuestos a escuchar, entenderles, y ayudarles si fuera preciso.

Por todo esto, pueden llegar a sentirse como un verdadero cubo de basura emocional.

Así pues, si bien la empatía se considera una virtud, en ocasiones puede llegar a ser un problema para aquellas personas que tienen demasiada, y no saben gestionarla adecuadamente. 

En mis libros “La Medicina Emocional”, “El Efecto Tarta” y “Las Ruedas Dentadas” aprenderás a utilizar tu empatía como habilidad social, a desarrollar una empatía comportamental, a desarrollar la escucha activa y la asertividad y si tu pareja no tiene empatía también podrás aprender a manejarte en esta y otras situaciones con personas que no tienen empatía. 

Dra. Marisa Navarro.

Libro las ruedas dentadas de Marisa Navarro

    

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