en Reflexiones

Para levantarse, primero hay que caerse

Hoy hablando con alguien por teléfono me contaba lo que le había costado superar algo, y lo orgullosa que estaba de haberlo hecho. En ella se juntaban sentimientos de todo tipo, de pena por haber soltado algo que había sido importante en su vida, y de alegría por haber soltado lo que sabía que no le sentaba bien y la hacía sufrir, de cariño hacia lo que había dejado y a la vez de satisfacción por saber que podía dejarlo ir de su vida con amor. Pero sobre todo tenía el sentimiento de haber aprendido a quererse un poco más y saber que aunque se cayera podía levantarse y volver a sonreír.

Marisa Navarro