en Reflexiones

¡Qué paradoja!

Reconozcámoslo, nos cuesta mucho pedir ayuda. Y es curioso, porque nos sentimos muy bien cuando somos nosotros los que la prestamos. ¡Qué paradoja!. Cuando la damos nos sentimos útiles, valorados, capaces, y que estamos haciendo algo hermoso. Cuando necesitamos ayuda nos sentimos incapaces, que no valemos, inútiles, y hasta podemos llegar a sentir vergüenza. Por ello tendemos a ocultar nuestros problemas y necesidades, e intentamos resolverlos solos. Sepamos ver la maravilla en la ayuda que se nos presta. Renunciemos a nuestro tonto orgullo, y agradezcamos esa mano amiga que se nos tiende cuando la necesitamos. Sepamos pedirla. Sintámonos acompañados. No estamos solos. Permitamos que los que nos quieren, nos den la mano cuando nos sentimos perdidos. Todo puede ser más llevadero y ligero cuando es compartido, cuando nos sentimos acompañados.

 

Marisa Navarro

Marisa Navarro

    

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